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La leche “del” compliance

“Entre broma y broma la verdad asoma”

Hace no mucho que cayó en mis manos un artículo “de broma” salido en prensa sin fecha que me hizo pensar sobre los derroteros que está tomando la doctrina de lo políticamente correcto, hasta convertirlo en dogma e incluso perseguirlo por la vía del delito de odio. Es lo más parecido a la inquisición, se instaura un dogma y se quema en la hoguera a todos los que osen discutir la razonabilidad de dicho dogma. Lo políticamente correcto es la nueva religión y su contrario la herejía. El tema no es baladí, ayer mismo en India fue condenada a muerte una persona por blasfemia, el mismo país que desde la Commonwealth se nos muestra como paradigma de la anticorrupción por su reciente ley, en donde se presume de estarse haciendo una depuración de funcionarios corruptos. Atención porque el paralelismo con compliance es evidente incluso para los ojos más nublados.

La noticia “falsa” de la que se hacía eco El Mundo Today (como dicen los periodistas), es el anuncio de que una conocida marca de lácteos ha entablado querella contra los intolerantes a la lactosa por, supuestamente como dicen los periodistas, conductas de odio contra la leche, condenando expresiones como por ejemplo, “me cago en la leche”, que consideran intolerable, a juicio de los abogados de la firma, y otras que al parecer, coadyuvan en la defensa de tan noble interés y se yerguen en paladines, no solo de la leche, sino también de la ortodoxia en nuestro refranero.

Enlazo al artículo sin mayor dilación para que los lectores puedan comprobar por sí mismos la autenticidad de la fuente (que también está ahora de moda el tema de las noticias falsas): http://www.elmundotoday.com/2011/08/leche-pascual-se-querellara-contra-los-intolerantes-a-la-lactosa/

Habría que consultar a mi apreciado maestro Pancracio Celdrán que nos ilustra y deleita con sus conocimientos de la etimología de nuestro sabio refranero, sobre el innumerable elenco de expresiones en torno a la leche (la leche que te han dado, tener mala leche, o las más escatológicas que no pronuncio por razones obvias de riesgos de litigios …). Valgan como resumen las que se recogen en el artículo al que enlazo a continuación, sobre la mala leche, que se refiere a la ancestral creencia de que la leche materna transmitía el carácter de la persona (no olvidemos que, por ejemplo, en inglés, carácter significa personaje o personalidad, no simplemente talante como en español), en relación con la necesidad del uso de nodrizas hasta hace recientemente poco tiempo en términos históricos.

Origen de la expresión “tener mala leche”; http://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/cual-es-el-origen-de-la-expresion-tener-mala-leche/

Si ponemos en relación este artículo con el estado actual del arte en materia de seguridad alimentaria, Tratado de libre comercio, comoditización y bursatilización de los alimentos, y fusión de Monsanto y Bayern incluidos, podemos comprender la gravedad de la situación.

Este no es el lugar ni el momento oportuno para abordar un asunto tan complejo como los riesgos de delitos y la regulación existente en seguridad alimentaria. Mi percepción personal es que los alimentos que tomamos, como la propia sociedad en la que vivimos, están desnaturalizados, es decir, que, del tomate, por ejemplo, pronto no nos quedará más que un lejano recuerdo de su sabor original, y posiblemente se trafique con ellos por las esquinas como productos clandestinos.

Respecto a la leche, tengo que reconocer que desconozco el sector con la profundidad suficiente como para pronunciarme en un foro técnico como éste, en el que nunca se me ha cogido en un renuncio. Hace un tiempo estuvimos a punto de lograr el concurso de una productora nacional de lácteos, pero lo perdimos por precio, razón por la que no pude profundizar en el tema.

Dicho esto, lo cierto es que solo bebo leche cuando estoy en las montañas del norte, donde todavía se puede encontrar leche de la buena, aunque no estoy muy seguro de que cumpla con todos los estándares.

La opinión generalizada en este tema es que, cuantos más estándares hay, peor es la comida. Extraños estándares de calidad que la disminuyen.

Vale que no pueda probar, con los medios que cuento, que la leche de consumo industrial es de mala calidad (ver informe OCU al respecto), pero que en lugar de escuchar la opinión popular la intenten acallar (incluso de broma), me parece lo contrario al espíritu de transparencia y “speak up” que debería presidir el nuevo paradigma que nos venden desde arriba.

En mi humilde opinión, como siempre, y esta vez con el atrevimiento de desconocer los datos, me atrevo a decir que el problema está en confundir seguridad con calidad alimentaria y me explico. Como todo, se trata de un problema de enfoque: si lo que pretendemos es que los alimentos aguanten semanas antes de su consumo o que tengan la máxima calidad posible. La primera opción favorece sin lugar a dudas la posición de las multinacionales del sector, interesadas en que la legislación encaje en sus planes de globalización permitiendo mover ingentes cantidades de alimentos desde sus lugares de producción más baratos hasta donde se consume, aumentando así exponencialmente las ganancias por diferencias en márgenes.

La segunda opción favorece a los productores locales y, en teoría, al consumidor. El problema es cuando analizamos el sector de alimentación ecológica, basta con ver los precios de las verduras en este tipo de cultivos.

Espero que no salgan los de la industria agraria condenando otras del tipo “me importa un pimiento” porque nos vamos a quedar sin expresiones.

Habrá que irse a vivir al campo si queremos seguir gozando de los placeres más elementales de la vida.