en Compliance

Aproximación histórica a la ética empresarial

 

Una de las dificultades a las que se va a enfrentar la implementación de la llamada cultura de cumplimiento en el empresariado español es la idiosincrasia latina heredera de los países católicos, por oposición a la moral protestante. Decía Unamuno que las diferencias entre España e Inglaterra se veían en sus ídolos nacionales; mientras que el inglés sobrevive en una isla desierta (Robinson Crusoe) el español se hunde en la melancolía de sus ensoñaciones (Don Quijote); valga el clásico para ejemplificar la  diferencia a la que ya nos hemos referido en numerosas ocasiones. Vamos a dedicar este post a intentar averiguar la principal razón por la que los países de tradición protestante han interiorizado mejor la cultura de cumplimiento y a hacernos alguna que otra pregunta a raíz de lo observado, como es constumbre de este blog.

No en vano, los historiadores de la religión (H C James Historia de las religiones) ubican catolicismo e islam entre las religiones con vocación de conquista, las cuales se caracterizan por venir reveladas de un ente irreal semidios que suele proclamar la necesidad de expansión de su mensaje para mayor gloria de la humanidad, o, más a menudo, de su raza. En tanto que la religión protestante nace como respuesta a los abusos del feudalismo.

La diferencia converge en la actualidad, en mi humilde opinión, ya que los revolucionarios se han asentado en el poder; la otrora represaliada burguesía hoy por hoy son las élites que a modo de autoproclamados demiurgos, y a golpe de sínodos secretos, dominan el planeta. No descubro nada con esto, verdad?

El cristianismo se ha mostrado siempre ambivalente ante la ética de los negocios y los ricos. La respuesta de Cristo al rico cuando decía “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de los Cielos” (Mateo, 19: 23-24, Marcos 10: 24-25 y Lucas 18: 24-25) capta esa ambivalencia. La Iglesia tiene una larga historia de preocupación por los pobres y de caridad a todo aquel que la necesita. Pero nunca levantó su voz contra la esclavitud, por ejemplo, y san Pablo incluso advertía a los esclavos para que obedecieran a sus amos (Colosenses, 3: 22).

Hasta finales del siglo XIX la iglesia católica no creó un programa de justicia social cuando el papa León XIII (1891) publicó una encíclica, Rerum Novarum, que establecía los preceptos para un salario justo. Otros papas posteriores han desarrollado el pensamiento social, adoptando una defensa del trabajador. Juan Pablo II, en las encíclicas Laborem exercens (1981) y Centesimus annus (1991), evalúa y critica moralmente tanto el socialismo como el capitalismo y establece las necesidades de las naciones en vías de desarrollo. Perfila lo que se conoce como una “opción preferencial para el pobre”. Aunque los obispos católicos de Estados Unidos presentaron también un escrito sobre economía (Justicia económica para todos), el impacto en la comunidad empresarial y el público en general no ha sido significativo.

En la tradición protestante, en cambio, el calvinismo desarrolló lo que se dio a conocer como la ética protestante del trabajo (o ética puritana), a saber, la doctrina por la que el trabajo duro es una vocación y un medio de alcanzar el éxito, y el éxito económico un signo de salvación predestinada de una persona. Esa tradición se compaginaba con la creencia norteamericana del trabajo duro como el camino hacia el éxito.

La obra maestra del ensayo Elogio de la locura (Estultitiae Encomium) de Erasmo de Rotterdam define muy bien la moral protestante y su diferencia esencial con aquélla de la que representa un cisma. Define mejor la génesis de la estupidez humana, pero esto es otra historia.

Es curioso comprobar como la cultura católica, por individualista, se opone al colectivismo que sirvió como germen de la moral protestante, en su identificación con el nuevo orden pujante que se refugiaba en las primeras ciudades, los burgos, nacidas como tregua del señor feudal a los impuestos de los súbditos, a modo de zonas francas.

En este sentido la Historia tiene lecciones que darnos; decía Baudelaire que la diferencia entre el comerciante y el ladrón está en el nivel de riesgo que están dispuestos a admitir, en un alarde satírico de las deficiencias a nivel ético que plantea el ratio risk-reward utilizado en gestión moderna del riesgo; en este sentido me remito a lo ya escrito en CCN; http://www.controlcapital.net/noticia/3056/Breve-historia-de-la-etica-una-aproximacion-economicista.html

Poniéndonos estupendos como diría Valle-Inclán por boca de Max Estrella, el tema radica en el diferente concepto del individuo frente al conjunto de la sociedad. El germen, haciendo un poco de reflexión histórica (no olvidemos que el color del curso bajo del río se comprende mirando el estrato que se arrastra desde su nacimiento, viejo refrán chino) podríamos decir que se encuentra en los mismos orígenes de cada religión, mientras que el cristianismo nació humillado en catacumbas, de ahí el lema de poner la otra mejilla; el protestantismo nació como la revolución de los comerciantes frente al colapso del sistema feudal, muy ligado a la decadencia de la Iglesia católica, en un momento en que llegó a haber tres Papas en Europa; el Papa Clemente VII, el Papa de Avignon coronado por Carlomagno y el Papa Luna en la costera localidad española de Peñíscola.

La crisis del catolicismo desembocó en la llamada Querella de las investiduras, cuando se compraban y vendían bulas papales más caras cuanto más graves eran los pecados cometidos, en lo que podría ejemplificar la primera trama institucionalizada de corrupción, que fue prolegómeno y una de las causas fundamentales que llevaron a  revueltas populares como la célebre noche de San Bartolomé, matanza de los hugonotes franceses, y se zanjaron con el cisma calvinista (no confundir con Calvin Klein) y la Reforma de Lutero que instauró el protestantismo en Europa.

No es de extrañar por ello que la ética del comerciante y la filosofía del bien común esté más extendida y arraigada en un sistema social que nació de la lucha frente a la tiranía y corrupción institucionalizadas; que en otro que es heredero directo del sistema repudiado por aquéllos ,,,

Con el debido respeto a la tradición católica que tantas guerras ha librado por la madre patria España, y de la cual nos va a ser difícil renegar porque en mayor o menor medida todos la hemos mamado; lo que digo no es de extrañar si lo ponemos en relación con la nueva dimensión alcanzada por el Papado de Francisco, claramente reformista, social y transformador de la institución papal en pos de lo que no es otra cosa que su acondicionamiento a los nuevos tiempos, en los que del buen gobierno, la ética y la cultura del cumplimiento, no se salva ni Dios, y valga la expresión como recurso literario, con el profundo respeto hacia la religión con la que comulgo, y nunca mejor dicho.

Mientras tanto, el otro templo, el de la moral protestante, que tiene dos parroquias geográficamente separadas; Wall Street y la City de Londres, ya está bien reguladito, listo para afrontar la siguiente crisis sistémica, y las que le echen.

Por no hablar de las demás religiones del mundo, cada una de las cuales aporta una cosmogonía distinta y conforma un sistema social que, pese a lo que oficialmente se dice, difiere muchas veces en lo esencial de los planteamientos que se dan en otros lugares del mundo, a veces no tan lejanos. Como vemos, el concepto de ética como tal dista mucho de tener la taxatividad suficiente para dotarle de entidad legal, y mucho menos para confiar en su exactitud como “termómetro” de la cultura corporativa, que en definitiva es lo que habrá que probar en tribunales llegado el funesto caso.

Así que no sabemos qué será mejor para compliance, una ética absolutista en la que un ente todopoderoso dicta lo que hay que hacer, interpretado por el cónclave; o una moral relativa a la rentabilidad del riesgo asumido en cada operación como promulga el utilitarismo inglés heredero de la moral del  buen comercio protestante que rige como paradigma de la tolerancia en la gestión moderna del riesgo.

A mayor abundamiento me remito al excelente documento de BBVA Openmind que encontraréis online titulado Historia de la ética empresarial y a la bibliografía citada en el curso del artículo.

Qué opináis?